Lo de ayer…

23 06 2008

El día de ayer empezó antes. El sol brillaba con más fuerza y me despertó pronto. Sabía que algo importante iba a pasar, demasiadas citas en un día irrepetible.

La ola de calor que asoló Barcelona, provocó una peregrinación masiva a la que me uní hacia la playa de San Sebastián. La única manera que había de quitarse el sofoco era estando en remojo.

A medio día, la primera cita: Fernando Alonso había salía tercero, se esperaba por fin, subiera a lo alto del cajón en esta prueba, había esperanzas, pero tras la carrera, se confirmó que hay que esperar más para poder volver a verle primero.

Por la tarde, la segunda cita. Ésta era en La Monumental, la corrida concurso de Ganaderías. El calor y la posterior cita con La Roja, hizo mermar la afluencia de público a la plaza. Apenas un cuarto del aforo. Como es costumbre en esta plaza, algunos protestantes en la puerta intentando suprimir con sus esfuerzos, una tradición que no les necesita para hundirse, ella misma caerá en un pozo. La Fiesta caerá por lo que es, y por lo que carece. La Fiesta de los toros, necesita un toro con fuerza, fiereza, bravura. Lo que faltó ayer en Barcelona. La crisis del país se acrecenta en el bravo. No es comprensible, que en una corrida concurso de ganaderías, en la que se supone, cada una exhibirá lo mejor de la suya. Nada más lejos de éste propósito. Un despropósito total.

Los toros se cayeron, algunos desde el saludo capotero inicial, otros buscaron con codicia los toriles, esperando que les abrieran la puerta, a tres se les descobillaron las astas, la falta de fuerza fue el enlace común de la tarde, el tercero ni se picó. En cuanto al personal profesional, nada más lejos de la realidad. Una lidia desastrosa en general, mantazos sin ton ni son, una falta de organización tal hizo que saltaran dos picadores en el primer toro o que se cambiara otro con solo tres banderillas en el lomo. Más fallaron los picadores que frustraron sus quehaceres con la vara en varias ocasiones y dejaron que lo poquito que tenia algún símil de bravo, se estrellase con el percherón cubierto de ese peto de hormigón. Tan sólo se vio una vara aceptable al de Partido de Resina, el único potable de la tarde, ganadería que por cierto lidia poco. Los maestros, más bien podrían situarse al final de la clase por lo poco acertados que estuvieron. Se vio el filo del estoque, en dos intentos de suerte suprema, un metisaca, y una puñalá trapera en el costillar. En la desacertada tarde esperaba la presencia del de Adolfo Martín, me defraudó como los anteriores. Me fui antes de que acabara la niña, digo la riña.

A la tercera fue la vencida. La tercera cita. La de La Roja. Todavía era un niño, cuando lloraba desconsoladamente por el codazo de Tasotti. Todos esperábamos vendetta, y ayer fue el día. En un partido dominado de principio a fin, la fortuna quiso que venciéramos a los italianos donde más les duele, en su terreno. En los penaltis. Los nervios y la emoción contenida fue tanta que tras el penalti de Cesc, brotaron del interior en forma de lágrimas, taquicardia, y un único grito hasta quedarme afónico. ¡A Semifinales, OE!

Como si hubiésemos ganado la Eurocopa o… el mundial! Da igual lo que suceda ahora, hemos pasado de cuartos! ¡A semifinales, OE!

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One response

23 06 2008
Fco Javier

Me ahorré 22 euros y vi ganar a la selección.

¡Qué Partido de Resina fuese lo más destacable es ciertamente preocupable!

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